miércoles, 13 de abril de 2011

Estoy triste...

Mientras escribo estas líneas escucho una vez más, y es que últimamente no puedo parar de hacerlo, la cuarta pista de "La zona sucia", último disco de un Nacho Vegas que ya tenía ganado desde hace tiempo la vitola de mejor cantautor de su generación y que con este disco, y sobretodo con está canción, acaba de rematar la faena. Por supuesto, y aunque creo que sin duda "Reloj sin manecillas" es la mejor canción del disco, esta viene acompañada por algunas otra no de menor calidad y que vienen a engrandecer aun más la genial discografía del asturiano. También hay algunas que no acaban de convencerme, pero sin duda son las menos.
Lo cierto es que he leído algunas críticas que no calificaba muy bien este disco. Pues bien, no estoy de acuerdo en nada con esas críticas. Se ha hablado de que Nacho Vegas ya no es el de antes, de que eran sus canciones son más alegres y menos oscuras. Nada más lejos. Por supuesto que la vida cambia, nosotros cambiamos y nuestra forma de hacer las cosas cambia igualmente, y ese es el ciclo natural que todo artista ha de seguir, ya quedarse anclado en contar una y otra vez la misma historia sería realmente una soberana gilipollez. Eso, en primer lugar. En segundo, comentar, que después de, como ya he dicho, escuchar ya muchas veces la totalidad de "La zona sucia" he llegado a la conclusión de que Vegas ni ahora es una persona más alegre ni escribe poesías más alegres. Cierto es, y a mí mismo me ha pasado, que a priori uno puede pensar que se trata de un disco más alegre porque es cierto que las melodías, que la estética de las canciones cambia muchísimo con respecto a otros discos, como ya había pasado en "El género bobo", pero, como decía antes, nada más lejos. Conversando con otra acérrima de Nacho ella me comentaba esto mismo y me decía que las letras de las canciones son realmente duras. Sin duda que lo son. Evidentemente, Nacho Vegas ya no es el mismo y la forma de ver las cosas tampoco es la misma, pero todo lo crudo y lo horrible de la vida sigue en sus canciones, porque no tiene miedo a enfrentarse a ningún tema y no tiene miedo a contar lo que ve y a decir lo que siente, y eso es lo que se agradece de verdad. Aunque en el fondo del fondo, creo que hay un hálito de esperanza, un ínfimo resquicio por donde escarparnos hacia otro lugar, hacia otra realidad distinta de esta, cuando Nacho dice: "y por una vez, seré la más bella ciudad...". La sinceridad de Vegas es realmente impresionante, la verdad de su voz hiela la sangre, cautiva el alma, y es que ese señor de ojos huidizos, de profundas ojeras, de aire misterioso, tiene la tremenda capacidad de ponernos los pelos de punta con tan solo dos palabras, dos palabras simples, muy simples, quizás las más simples, pero dos palabras que dicen mucho más que otras miles llenas de nada, que toda la discografía de Alejandro Sanz, por ejemplo, porque Nacho dice esas dos palabras de una manera distinta, de una manera solo suya y que hacemos nuestra. "Justificas tu existencia con la química, estoy triste", y solo por esa frase ha merecido la pena escuchar todo el disco.

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